La felicidad perversa

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Dos figuras. Picasso, 1904

Cuanto daño esta haciendo esta idolatría a la felicidad, ese canto de sirenas tan fácil  de vender y que tan bien encaja con el lenguaje común y las metáforas de la vida cotidiana. Cuanto daño esta obsesión por tener que tener nuestras emociones bajo control para ser felices,  por tener que pensar bien para sentirnos bien y tener que sentirnos bien para ser felices, por  tener que proteger a nuestros hijos de cualquier sufrimiento psicológico para que sean felices,…

Se me antoja reciente esta falsa antropología que pone a la felicidad en el centro y a la vez en la razón de ser de lo humano. Pero no siempre lo nuevo es sinónimo de lo bueno. Necesitamos el llanto, necesitamos nuestras derrotas memorables y el dolor de los recuerdos que nos queman  para estar sanos, para vivir una vida plena, para ser lo que quiera que seamos.  ¿Cómo podemos extirpar todo esto a nuestro antojo sin dejar de ser quienes somos? ¿Cómo podemos ser felices si estamos luchando continuamente contra nosotros mismos? Es esa guerra civil contra uno mismo, ese dolor sucio que provoca esta lucha por ser feliz a costa de nuestra vida (de nuestra historia, de nuestra biografía) el que nos hace sentirnos miserables y acaba con nosotros;  no el dolor limpio y digno, ni las lágrimas, ni los recuerdos del vivir difícil que muchas veces nos toca.

 

 

– “¿Porqué lloras Solón?”, preguntaron unos desatinados a este sabio de Grecia. “¿Qué crees, que llorando lograrás resucitar a tu hijo muerto?”

– “Por eso lloro precisamente”, respondió éste mientras continuaba en sus lágrimas.

 

Por favor, déjennos sufrir tranquilos para poder vivir felices.

Enfermedad y sufrimiento, sobre los problemas psicológicos.

 

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Enfermedad y sufrimiento no son una misma cosa. Como tampoco lo son la enfermedad y las conductas “extrañas” o problemáticas de personas diagnosticas de TOC, esquizofrenia o TDAH.  Pareciera que desterrar de la biografía el sufrimiento, el llanto, la ansiedad, el insomnio, la depresión, las obsesiones o los problemas de atención y mandarlos al exilio de las hormonas y del cerebro nos liberara de la angustia añadida de no entender porqué nos ocurre lo que nos ocurre y a la vez nos situara en un escenario de comprensión por parte de los demás y de esperanza en soluciones que la terapia química habrá de traer. Al menos esta es la quimera a la que contribuye el  lenguaje común, la cultura, la información que de las enfermedades mentales se ofrece  desde los medios de comunicación y hasta el propio trabajo académico y profesional de una mayoría de psiquiatras y psicólogos.(…)

 

Continuar leyendo en “La tiranía de la normalidad

 

 

De éstas y otras cosas hablaremos en el Taller “Salud mental. Entendiendo los problemas psicológicos de la vida cotidiana“, que impartiré junto con Juan Luis Hueso este mes de Junio desde Ideas Poderosas dentro del Aula de la Experiencia de la Universidad Internacional de Andalucía. Información sobre fechas, contenidos e inscripciones en este enlace.

 

De la neuroeducación al “Síndrome de Poncio Pilatos”

Estamos terminando un curso para la capacitación como docentes dentro del sistema nacional de Formación Profesional para el Empleo. Hemos tenido la suerte de contar con un grupo de profesionales excelentes por su empatía y su manera de trabajar de manera colaborativa, por su inquietud y sus ganas de conocer y practicar con nuevas herramientas y nuevas formas de enseñar, por su implicación y por la calidad de los trabajos que han ido realizando a lo largo de 340 horas realmente intensas.

Hace algo más de una semana estuvimos hablando en clase sobre neuroeducación. Antes de comenzar a tratar sobre el tema pedí al grupo que investigaran de manera individual sobre ella, tratando de descubrir qué es y lo que creen que aporta dicha disciplina a la práctica de la docencia. Es decir, después de saber algo más sobre neuroeducación, ¿cómo y en qué cambiarían sus clases -su manera de trabajar ellos y sus futuros alumnos- en comparación con lo que ya sabían?

Después de buscar en internet toda una mañana, de ver vídeos y leer de manera crítica  la información encontrada, pusimos en común nuestros hallazgos y conclusiones. Aquí van algunas de las más destacadas:

Neuroburbuja. Se está inflando el uso de lo neuro. Se utiliza el apellido “neuro” en muchas más disciplinas de las que se podrían imaginar (neuroeducación, neurodliderazgo, neuroética, neuromárketing, neuroteología, neurocoaching,…). De alguna manera  esto les sonó poco serio.

El poder mágico del cerebro. Según se publicó hace unos años, parece ser que las fotos y las palabras relacionadas con el cerebro tienen un poder especial. Cuando el mismo artículo/producto se presenta acompañado con alguna imagen de un cerebro, el número de personas que están de acuerdo con ese artículo o que están dispuestas a comprar dicho producto es significativamente superior que si no aparece dicha imagen.

El fantasma en la máquina. Las imágenes coloreadas del cerebro funcionando no explican la decisión del consumidor, el aprendizaje de los alumnos, la motivación de un lider, o el comportamiento de un asesino en serie, tan solo son las imágenes del correlato fisiológico cerebral de una persona mientras actúa en un contexto determinado, pero no son la causa de dichos comportamientos.

¿Nada nuevo bajo el sol? En cuanto a las implicaciones que tiene la neuroeducación en la práctica docente parecen no ser nada revolucionarias ni un cambio disruptivo con las viejas buenas prácticas. Las estrategias didácticas que se plantean a la luz de los datos de neuroeducación son las mismas que un buen docente podría venir realizando desde muchas décadas atrás siguiendo las propuestas de la buena pedagogía y los principios del aprendizaje y el comportamiento.                                                 ¿De verdad un conocimiento profundo sobre neurología por parte de los docentes implica una ventaja real y un NUEVO conocimiento práctico sobre nuevas formas de enseñar? ¿Acaso conocer a fondo el funcionamiento de los microchips, su estructura física o incluso su composición química o molecular o conocer el código binario para la programación es clave para ser el mejor jugador del mundo o el mejor entrenador de “League of legends”?  

La neurología seria, sí. La pedagogía y la psicología seria, también. Todas estas dudas y críticas no son exclusivas de psicólogos o docentes antiguos y ciegos a los importantes avances de la neurología.  Reconocidos neurólogos llaman la atención también sobre el problema de los neuromitos, sobre la alegre y precipitada interpretación que se realiza de muchos avances y sobre el  uso que de ellos hacen  los medios de comunicación y desde distintos ámbitos profesionales.

Confundiendo churras con merinas. La neurología y la educación pueden ser dos niveles de análisis diferentes -con un referente verbal propio cada una- de una misma realidad, por tanto hay que ser especialmente cuidadosos a la hora de enlazarlos o de hablar de una disciplina desde el lenguaje de la otra. Sin duda los avances y el buen trabajo de la primera ayudan al avance de la segunda y viceversa. La interdisciplinariedad es muy importante, pero es un asunto serio que se ha de jugar en contextos determinados y bajo unas reglas muy concretas, fuera de ellas es fácil caer en territorio de charlatanes y pseuodociencias.

Verdades a medias. De cuando en cuando aparecen noticias atribuyendo propiedades especiales y causales sobre aspectos humanos y sociales a ciertas zonas del cerebro y a hormonas o neurotransmisores determinados.  Así se dice que la oxitocina es la hormona del amor, la dopamina la del placer y la serotonina la de la autoestima y la felicidad; por no hablar de la amigdala, del cerebro reptiliano como refugio y origen de la agresividad y la hostilidad, o de las neuronas espejo como lugar donde habita la empatía. En estos discursos suele haber de nuevo un error categorial. Sin duda estos neurotransmisores y circuitos cerebrales están implicados en esos comportamientos y emociones, pero ni las causan ni las contienen. Tampoco podríamos movernos sin piernas, pero de ahí a concluir que el movimiento está en ellas o que es causado por las piernas hay un salto epistemológico y un atrevimiento considerable. Por otra parte todas estas conclusiones son un cuadro incompleto, un buen ejemplo de las excesiva simplificación de los fascinantes y complejos descubrimientos en neurología que algunos realizan según los titulares que les interesa mostrar. Un ejemplo: es cierto que el aumento de  los  niveles de oxitocina en ratas  produce un mayor número de comportamientos que se podrían considerar equivalentes a la confianza, la empatía o la cooperación; sin embargo otros estudios igualmente válidos y replicados, han mostrado que aumentar la misma hormona también produce en los roedores conductas que podrían catalogarse como propias de la envidia, la presunción o la competitividad.

La coartada del cerebro. A pesar de los mensajes que se escuchan una y otra vez, el cerebro no aprende, el cerebro no nos engaña, el cerebro no decide, el cerebro no emprende, el cerebro no es infiel, el cerebro no es adicto, el cerebro no se emociona… Son las personas, con su biografía, su carga biológica y en un contexto físico y social concreto las que aprenden, se equivocan,  las que eligen, las que prestan atención o las que se emocionan… Flaco favor le hacemos a nuestro alumnado y a nosotros mismos si les despojamos de la responsabilidad ante su propio comportamiento. No deberíamos perder de vista que esas afirmaciones son una manera metafórica de hablar, más allá de ello suele haber mucho humo a la venta.

El sindrome de Poncio Pilatos. Esta confusión compartida de neurólogos jugando a ser expertos en educación y de educadores jugando a ser neurólogos está produciendo una suerte de medicalización del aprendizaje. Se les despoja en exceso a  padres, profesores y alumnos de la responsabilidad que tienen sobre el comportamiento, la educación y el aprendizaje de ellos mismos y sus hijos.  Esto promueve la extensión del “sindrome de Poncio Pilatos” entre docentes, progenitores y políticos, que se sacuden fácilmente su responsabilidad lavándose las manos ante los retos que plantea el aprendizaje y la crianza de niños y jóvenes. Pareciera que la educación y el fracaso escolar no fuesen sobre todo una cuestión de educación, de lenguaje, de esfuerzo, de pobreza o desigualdad, sino de alteraciones bioquímicas y estructuras cerebrales.

 


Nota: Estas fueron algunas de las ideas tras indagar y debatir en clase sobre neuroeducación. Al terminar su mini búsqueda, Cati, Rafa, Encarni, Jose, Cristina, Venancio y Miguel se propusieron crear una breve animación “artesanal” en un tono desenfadado para contar algunas de estas conclusiones e ideas a las que habíamos llegado.  El resultado son los dos vídeos que hemos utilizado en este post.

Su visión sobre neuroeducación puede ser atrevido, sus conocimientos sobre el cerebro limitado, pero, aunque algunos de ellos tienen los ojos claros ;-), no me cabe la menor duda de que tienen el interés, la visión y las competencias para ser unos excelentes docentes y contagiar su pasión por el conocimiento y la materia que cada uno/a de ellos/as habrá de impartir.

Enhorabuena por vuestro trabajo y gracias por vuestra implicación, por vuestra seriedad y vuestro buen humor a lo largo de estos meses.

 

Estamos errando el disparo.

El jueves pasado Juan Luis Hueso y yo nos llevamos a nuestra criatura, Ideas Poderosas, a los previos del Foro de Emprendedores Lince 2015, que se celebrará el día 2 de diciembre.

Se organizaron esa mañana en IFEJA 5 mesas sectoriales diferentes (TIC, servicos, agroalimentario y comercio) y en cada una de ellas diferentes personas presentaban su propuesta  o algún aspecto de su empresa que quisieran dar a conocer ante representantes de entidades como la Asociación Cultural de Empresarios y Profesionales  PROA, la Universidad de Jaén, Caixa Bank o Caja Rural de Jaén -entre otras-. Todo ello con un formato ágil y dinámico: 5 minutos para presentar tu propuesta y 5 minutos para recibir preguntas.

Fue una buena experiencia, tuvimos la oportunidad de conocer buenas ideas  bien presentadas (de manera excelente algunas de ellas) por las personas que allí estuvieron. Disfrutamos y aprendimos.

Tras presentar nuestra idea y lanzar una propuesta final, nos preguntaron algo así: “después de vuestras acciones de formación, ¿qué hacéis para que el subidón de ánimo con el que salen los participantes se extienda en el tiempo y tenga efecto de vuelta a la vida y el trabajo cotidiano?” Fue una muy buena pregunta. Sin duda ésta es una de las claves de la formación y la consultoría. Más allá de todos los retos que esta pregunta plantea y de las posibles respuestas (respuestas que tienen que ver entre otras cosas con el enfoque ante el cambio, con un análisis funcional contextual e ideográfico de la situación que se desea cambiar, con los valores de la empresa -o sea de las personas en ella-, con el relato que sobre dichos problemas tienen las personas implicadas, con el uso de una metodología de aprendizaje experiencial basada en evidencias o con el uso planificado de las estrategias  de trasferencia adecuadas, etc.), como decía, más allá de lo apasionante que nos resulta reflexionar sobre estas cuestiones, la pregunta nos encantó.

Nos encantó porque es reflejo y resultado de lo que paso a paso, sesión a sesión, post a post, se está consiguiendo desde el trabajo de una gran número de consultores, formadores, psicólogos, coachs y neurothings: todas estas cosas consisten principalmente en generar ese “subidón”. Creemos que se empieza a recoger lo que se ha sembrado desde los fuegos de artificio, el buenismo y el positivismo sin piedad tan injustificado como jaleado desde una psicología y disciplinas afines -bajo nuestro punto de vista- mal entendidas.

La formación, la consultoría o la psicología son algo mucho más serio que tiene que ver con los principios del aprendizaje y análisis del comportamiento de las personas y de éstas en las organizaciones. Así, no tendría sentido darle entidad propia a la psicología positiva (¿donde está la negativa?), tiene sentido la psicología sería y bien hecha. Tampoco hemos descubierto nada diferencial o genuino y propio del coaching que aporte algo diferente a lo que ya se dice y se hace desde la psicología. Y así podríamos repasar otras “modas” de este tiempo excesivamente (mal) psicologizado.

No, no pensamos que la clave de la formación o el aprendizaje sea provocar ese “subidón” de autoestima, autoconfianza, automotivación (por nombrar sólo algunos de los componentes del parque móvil de la psicología). No es ese nuestro objetivo en las acciones que llevamos a cabo. Necesitamos la experiencia real, es decir también necesitamos la frustración, la vergüenza, el miedo, la derrota, los errores o exponernos a las propias limitaciones; y necesitamos tener muy claro nuestros motivos y nuestros valores y comprometernos seriamente con ellos. Es en el compromiso y el trayecto con esos valores donde se puede encontrar el sentido y la satisfacción personal/laboral de cualquier proceso de aprendizaje, y no en un optimismo infantil exacerbado ni en la tiranía de la felicidad como objetivo.

Estamos errando el disparo porque hemos equivocado el objetivo.

 

 

Publicación original: Ideas Poderosas