La revolución educativa.

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Creo en una educación revolucionaria, una educación que remueve el corazón, las cabezas y las manos de las personas. Una educación inconformista y socialmente comprometida, una educación que cambia el orden de las cosas y que ofrece la posibilidad de transformar la vida y el destino que traemos escrito en el adn económico y social de la familia que nos ha parido. Una educación que ofrece los recursos que permiten que la hija de una familia humilde,sin otro horizonte que las temporadas de vendimia o de recogida de aceituna, esté hoy en su segundo año de MIR, y que haya cambiado así su suerte y la de su familia permitiéndoles inventar un futuro que ni en sus mejores sueños habrían imaginado.

Echo de menos esta visión en las (no tan) nuevas propuestas pedagógicas que ponen la felicidad en el centro y como principal objetivo de las escuelas. Como decía, creo en una educación revolucionaria, y no creo que la felicidad sea lo revolucionario, sino el saber, la filosofía, la lengua, la física, el arte,  la literatura, la historia, las matemáticas,…. el esfuerzo por superarnos y aprender y aplicar los conocimientos acumulados que siempre nos han hecho avanzar como personas y como especie. En gran medida es todo esto lo que permite darle la vuelta al orden de las cosas, que nuestra vida sea cada vez más digna y que podamos dar lo mejor de nosotros mismos a la sociedad a la que pertenecemos.

Por supuesto que todo este aprendizaje y el disfrute, el coraje y el trabajo que conlleva, debe ocurrir con los mayores recursos y  las mejores prácticas educativas basadas en la evidencia, y siempre en un escenario de cuidado, de cariño, de respeto, de seguridad, de atención y de un apoyo radical a aquellos alumnos que lo necesiten. Cuando así ocurren las cosas, nuestros hijos y nuestras hijas aprenden que el esfuerzo y los retos, incluso las derrotas, no solo no son incompatible con la felicidad de vivir, sino que son imprescindibles para ella.

 

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“Aprender Trabajando”. Sobre la diversidad escondida y otros miradas.

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Termino estos días un  proyecto que comencé hace 6 meses: “Aprender Trabajando”, de la Fundación Secretariado Gitano. Esta vez el nombre elegido no se trataba de una metáfora, ni un deseo, ni una manera de sonar bien y vender humo para atraer la atención de fondos europeos. “Aprender trabajando”, un título que simplemente describía lo que habría de ocurrir durante medio año,  la mejor manera de resumir seis meses en dos palabras.

Revisando el camino hecho, me quedo con algunos de las muchas cosas (re)aprendidas durante este tiempo:

La diversidad escondida. Si quieres dejar de tener claro qué (o cómo) son los gitanos, trabaja con ellos. Pude comprobar algo así en los proyectos que participé y en los que trabajé con personas con discapacidad. A su lado aprendí lo poco que comparten unos y otros más allá de la situación de desventaja y discriminación en la viven. Antes que a normalizar, con ellas aprendí la importancia de diversificar la discapacidad (y la normalidad). Esa misma disparidad de alegrías, de problemas,  de empujes, de debilidades, de  modos, de deseos, de intereses vitales, de necesidades, de motivos,…  la he encontrado en el grupo de personas gitanas con las que he trabajado.  Si quieres dejar de tener claro que son los gitanos, los negros, los refugiados iraníes,… si quieres romper prejuicios, actitudes y creencias infalibles, no leas los periódicos ni veas las noticias, mejor trabaja con ellos.

Educar la mirada. Creo que dudar un poco de nosotros mismos, desvelar esas diferencias y hacerlas evidentes en clase ha sido un punto fuerte de  nuestro grupo, y creo que de alguna manera nos ha hecho (al menos un poco) mejores. Ya puestos: mejores personas, pero también mejores gitanos. Esta experiencia era una buena ocasión para hacer que ocurrieran cosas: reír,  darnos apoyo, provocarnos, colaborar, enfadarnos, emocionarnos, hablar mucho, discutir, mostrar cada uno nuestras debilidades, etc.  Todo ello nos ha permitido representar, jugar y  conectar con lo que pasaba fuera de clase y ponernos las máscaras para (des)cubrirnos  y aprender más sobre quienes somos. Este era otro objetivo importante de nuestro proyecto: descubrirnos y dejarnos ver  para educar nuestra mirada y la de los que nos miran, más allá de nuestros/sus prejuicios y de las trampas del lenguaje que nos tienen atrapados.

Todo comienza mucho antes. Como un iceberg en el oceano, el éxito presente tiene una gran parte oculta en el pasado.  Hay demasiados proyectos y acciones de formación -algunas de ellas de fondos millonarios- más efectistas que efectivas, demasiado presas de la inmediatez y  sin una visión real del cambio que se ha de conseguir en las personas que van a participar y en los escenarios que habitan. “Aprender trabajando” sigue un modelo de formación que LA FSG y la Cruz Roja tienen la posibilidad de ir desarrollando y mejorando con cada edición, y por el que son felicitados por los responsables de recursos humanos de las empresas colaboradoras (Alcampo, Sprinter, Leroy Merlyn, C&A, Luis Piña S.A.,etc.) El punto de partida del  A.T. es el conocimiento real de la gente para la que trabajan y de sus entornos y una visión clara de lo que quieren conseguir.  El trabajo que los profesionales de cada dispositivo local desarrollan a partir de aquí es totalmente congruente con dichos valores y perspectiva. Dentro de ese trabajo juega un papel fundamental el proceso de selección personalizado que hacen de los candidatos y que ha demostrado ser excelente y una pieza clave del éxito del proyecto.  Los resultados conseguidos comenzaron antes de que empezara mi trabajo con el grupo.  Sin los valores, la estrategia de la Fundación y sin el trabajo del equipo de la FSG de Jaén, los resultados habrían sido otros.

Tres buenos ingredientes: poca “burocracia”, mucha autonomía y generosidad en red. Aun implicando unos procesos de control claros y definidos,  he tenido la sensación de que el modelo de formación y los proceso de gestión del Aprender Trabajando están más centrados en la personas que en la administración o en protocolos, formularios y reuniones interminables y poco útiles. Los tutores hemos tenido mucha autonomía, un margen amplio para tomar decisiones, diseñar actividades, experiencias y  materiales, o para decidir y gestionar los tipos de evaluación y seguimiento que veíamos más adecuados. Por otro lado, todas estas experiencias, materiales y propuestas creadas por cada dispositivo  se compartían a través de la nube (en G-drive y un grupo de google) entre todos los Aprender Trabajando que funcionaban a nivel nacional. Ojala el éxito del programa, su continuidad y los controles de calidad que pudieran estar por llegar no sacrifiquen esta libertad, los aciertos y los necesarios errores que se habrán de cometer. Es cierto que los controles y protocolos cerrados evitan desastres, pero también es cierto que en más ocasiones de las deseables fomentan la mediocridad.  Puedo asegurar que Aprender Trabajando, está muy lejos de ser una experiencia mediocre más.

11057521_10205761938906791_3261747285820073204_nMe quedo con estas y otras impresiones, pero sobre todo me quedo con la ambición por aprender y hacer las cosas bien que he podido ver en Nono, Lucía, Jose,  Sara, Jesús, Manoli, Juanjo e Israel  Durante 5 meses de prácticas en los Supermercados “masymas” no ha habido ni una sola queja o duda de su empeño y sus ganas de aprender  y de trabajar como verdaderos profesionales. Ya son 4 de ellos/as los que han sido contratados una vez finalizado el programa, y confío en que el resto estarán trabajando también dentro de pocas semanas.  Sé que han aprendido muchas competencias profesionales y que tienen las habilidades y la actitud necesarias para continuar aprendiendo y para  mantener su puesto de trabajo muchos años.  Ojalá no pierdan esta oportunidad, pero sobre todo, ojalá no pierdan nunca la certeza que han sentido durante estos meses de ser los protagonistas de sus propias circunstancias.

El storytelling y la educación sentimental, de la caverna a la escuela.

El ancestral arte de contar historias que llevamos clavado en nuestros genes de aprendices y maestros está siendo aprovechado con fuerza desde el márketing y la publicidad para adaptarse a la forma de ser de los nuevos ciudadanos, a una nueva manera de consumir y de estar en el mundo. Pensamos que la educación y los educadores podemos aprender y enriquecernos de este viaje del storytelling por los campos de la publicidad y la empresa.

De ello estuve conversando durante dos horas con un grupo de maestros de un instituto muy grande; un grupo pequeño de profesionales pero muy implicados y enamorados de su trabajo. Hablamos de las múltiples ventajas que el storytelling puede aportar a nuestras clases, de la necesidad de pasar de los contenidos a los contenidos+las experiencias y de la importancia de pasar de ser simples contadores de historias a ser auténticos creadores de historias  si queremos ir más allá de los “días de”, de los posters con palomas de la paz y de manifiestos llenos de buenas intenciones; si queremos de verdad educar la empatía, la educación en valores, la educación sentimental, la desigualdad, la interculturalidad, el racismo…

Fue una buena tarde en la que estuvimos conversando, pero también probando y proponiendo algunas maneras alternativas de trabajar estos temas en clase. Porque cada metodología encierra una historia y cada historia una experiencia, y sólo las experiencias memorables nos transforman el alma. El resto apenas sirve para adornar las paredes de nuestras clases.

“Storytelling y educación” aparece primero en Ideas Poderosas

Cosas de la educación

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Aunque tengamos algoritmos y complicados modelos matemáticos que nos permiten predecir el tiempo y mirar desde nuestro smartphone las horas de sol, la velocidad del viento o la probabilidad de lluvia, los iconos, los porcentajes o los datos que aparecen en nuestras pantallas no son más que herramientas pero no son el frío, ni la nieve, ni el calor, ni el sudor.

Quien quiera entender lo que es andar calado hasta los huesos, caminar perdido con las nubes al cuello o empapado en sudor  tendrá que hacer algo más que mirar su pantalla de retina 5K. Al otro lado de la puerta hay una sola pre-visión exacta y acertada, pero mil sensaciones, mil  necesidades y muchas de experiencias diferentes.

De la misma manera, más allá de  claros análisis de expertos, más allá de encendidos debates entre los que defienden con la misma seguridad una postura y su contraria, o más allá de argumentos ciertos  y previsiones sobre las cosas de la escuela y la educación, existen miles de experiencias distintas, de triunfos y derrotas diversas, insospechadas maneras diferentes de sentir todo lo que expertos, políticos y  especialistas escriben y se empeñan en predecir.

Cambiar el foco de atención desde la pantalla al aire libre, desde las palabras de los especilaistas a la vida real de las personas, a las experiencias de los propios estudiantes, padres y docentes se nos antoja imprescindible si queremos de verdad conocer  y diseñar una aprendizaje desde y hacia las personas, una educación que de verdad encaje con el entorno y con  las vidas de nuestros hijos y con lo que quiera que pueda ser su futuro, y no con nuestras teorías tan exactas y ciertas o con nuestro pasado.

Quizás no debiera de ser tan difícil, tal vez se trate en gran parte de dejar de mirarse el ombligo, salir a sentir el frío o el calor, mirar a la gente a la cara y escuchar.

Nosotros le hemos preguntado a estudiantes, padres y maestros sobre internet y  las redes sociales, sobre cómo las utilizan y  sobre su opinión acerca de los deberes para casa. Ya tenemos algunas respuestas, iremos compartiendo en futuras entradas las nuevas que nos vayan llegando.

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La imagen es el cuadro “The Singing Butler“, de Jack Vettriano

Cuando el “trabaja duro” no es suficiente. Estilos educativos e igualdad salarial.

Sabemos que correlación no implica causalidad. Imaginamos que las variables que deben intervenir en el coeficiente de Gini (mide la desigualdad de los ingresos dentro de un país) son muchas y variadas. Sin embargo, tomando todas las precauciones sensatas a la hora de sacar conclusiones, no dejan de ser interesantes los resultados de este estudio en el que se relaciona estilos educativos de madres y padres con la desigualdad de ingresos por países.

En esta investigación el estilo de crianza de los hijos se valoró utilizando el World Value Survey, un cuestionario, en el que, entre otras cosas, se les pregunta a las personas qué actitudes o valores consideran más importante en la crianza de los hijxs. Responder aquí con valores como la “imaginación” y la “independencia” de los niñxs correspondería con un estilo educativo más permisivo, mientras que las madres y padres más autoritarios se inclinarían más a señalar la importancia de “trabajar duro”.

A continuación se recogen algunas de las gráficas más significativas del estudio, en ellas se muestran la relación entre ambas variables :

  1. Fracción de padres que en un país concreto consideran importante un determinado valor: imaginación (fig.1), independencia (fig.2) y trabajar duro (fig.3)
  2. La medida de desigualdad de los ingresos -índice GINI- de cada país (valores más altos corresponden a más desigualdad).

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Según señalan estos resultados, en las economías de la OCDE, los padres de países con mayor coeficiente Gini de desigualdad ponen más énfasis en el “trabajo duro” y consideran la “imaginación” y “la independencia” como valores menos importantes en la crianza de sus hijos. Por el contrario, las madres y padres escandinavos destacan el valor de la “imaginación” y la “independencia”,  por encima de sus pares en el sur de Europa y los EE.UU,  lo que se relaciona con menores índices de desigualdad en los países nórdicos.

Sean los que quiera que sean los múltiples factores de todo tipo (económicos, sociales, políticos, educativos,,..) y a gran escala que median en la mayor o menor igualdad salarial  -por tanto también social-, parece que las formas de educar a nuestro hijxs es una de las piezas importantes por toda la transcendencia y peso que estas pautas de crianza tienen sobre la futura forma de vivir, relacionarse, trabajar, emprender, … ya en el mundo adulto.

La desigualdad es una cuestión principalmente estructural, de intereses y decisiones económicas y políticas, pero desde nuestras casas hay mucho por hacer.  De alguna manera el cambio social también está en lo cotidiano, a un nivel mucho más entrañable y privado, porque durante muchos años tenemos en nuestras manos el alma, las miradas y los corazones de nuestros hijos.

De ello también dependerá su futuro y por tanto el de nuestras ciudades y nuestros países.